EL BIENESTAR SOCIAL TAMBIÉN ES UNA INDUSTRIA
“Si no sueñas el tiempo no pasa”. Orhan Pamuk
En el último siglo, todos los seres humanos hemos visto cómo la bastedad del desarrollo del mundo puede traer consecuencias devastadoras que parecen funcionar bajo un efecto dominó en cada ámbito de interés mundial. De tal manera, es casi imposible hablar de un mundo en contextos particulares, pues parece que cada segundo más en globalización, implica más correlación entre todos los factores que permiten la dinámica de las sociedades.
Es así como cada una de las disciplinas existentes alrededor del mundo, se enfrasca en estudios y avances en materia de energías renovables, desarrollo de materiales, optimización de recursos y métodos, crecimiento de mercados y economías, origen de la materia, clonación de especies y demás temas que son en la actualidad el foco de toda la investigación científica. Sin embargo, cabe preguntarnos la motivación que tienen todas estas personas para hacer del mundo un lugar más previsible, cómodo y “desarrollado”. En este sentido, cualquier persona, científico o no, podría pensar que el deseo de un mundo así, se debe a la necesidad innata del ser humano por indagar acerca de las cosas que lo hacen vulnerable; el cambio climático, las enfermedades e incluso la muerte. Todas responden a cuestionamientos ontológicos y filosóficos que aún no puede alcanzar con plenitud el conocimiento humano como lo conocemos hoy en día.
Sin embargo, detrás de toda esta compleja sociedad de inventos e inventores, máquinas, industrias, algoritmos y demostraciones, existen personas desempeñándose en la profesión que escogieron y, en muchos casos, sin saber realmente si lo que los motiva a seguir en ello son esos grandes y complejos enigmas o la recompensa que obtienen para sobrevivir. Tal es el caso de millones de ingenieros al interior de proyectos tan ambiciosos como el LHC de la CERN o el M.A.R.T.E. de la NASA.
Sin ir más lejos, pienso que la ingeniería, y particularmente, la ingeniería industrial, tienen una gama de incontables oportunidades, y no hablo de oportunidades de empleo, ni oportunidades egoístas para hacer dinero y vivir cómodamente, me refiero a oportunidades para asumir el reto de impactar al mundo, para cambiar lo que otros no han podido, para resolver los interrogantes con un sentido netamente humano que propenda por el bienestar de cada sociedad. El ingeniero industrial se caracteriza por tener una visión holística del conocimiento, y en muchos casos esto es considerado una debilidad a la hora de hablar de profesionales especialistas.
En este sentido, se debe tener en cuenta que el contínuo devenir del mundo requiere personas que estén dispuestas al cambio y que sepan adaptarse con mayor facilidad. Esto, como en las empresas, es difícil de lograr cuando los perfiles se han especializado al punto de ser rígidos y poco competitivos, lo cual traduce Michael Porter en proveer valor y destacarse: “La estrategia competitiva consiste en ser diferente. Significa escoger en forma deliberada ciertas actividades (o procesos) que entreguen al cliente una exclusiva mezcla de valor.” [i] Entonces, si se observa el mundo actual como un campo de acción en el cual los seres humanos realizan actividades de acuerdo a su capacidad de decisión y así alcanzan objetivos sociales, entonces estas personas se convierten en empresas cada vez que su razón de ser es el trabajo por el bien común de toda la sociedad.
La ingeniería industrial tiene la ventaja de poder brindar al mundo esos agentes de cambio constantes, pues al tener conocimientos acerca de todo lo concerniente al logro de objetivos y la solución de cualquier tipo de problemas, la adaptación del saber es cuestión de iniciativa. La razón para hablar aquí de todo ello es sencilla: la ingeniería industrial no es sólo una ingeniería llena de métodos precisos y conceptos técnicos, es una ciencia social en la medida que está al servicio del hombre que vive en comunidad, y por esta razón se debe pensar en el bienestar social como una industria con un alto potencial a nivel mundial. Esto último se nos olvida como profesionales cuando el ingreso a una compañía se da con el único interés de obtener beneficios económicos. Un ingeniero industrial en un país como el nuestro, Colombia, debe tener un espíritu crítico y una formación íntegra, debe contar con un espíritu visionario que saque al país de las crisis sociales, económicas, infraestructurales, etc. Pienso que a esto se refiere el Dr. Guillermo Camacho Caro con su teoría acerca del sentido primordial que tiene la acción del ser humano en cada sector de la industria: [ii]“Investido con la idea de que el conocimiento debe traducirse en acciones de beneficio social, abogó por la implementación curricular de materias contextuales, humanísticas y de valores éticos, como parte de la formación de los ingenieros, quizás soñando con una formación que significara sobre todo un “esfuerzo de apropiarse de sí mismo para sacar adelante la vida”, como dice Adela Cortina. Pensó en los vasos comunicantes y de intercambio con los sectores empresariales y en el papel fundamental de la Universidad y de la investigación como provisora de saber para el crecimiento industrial.”
Ahora, en términos formales, el Bienestar Social como industria nacional es un sector que depende casi literalmente de la caridad de los inversionistas y de la motivación y el empeño de quienes se atreven a ingresar en el mismo. A este sector pertenecen todas las organizaciones no gubernamentales o sin ánimo de lucro, que lejos de buscar beneficios económicos, trabajan por alcanzar ideales como la libertad de prensa, la libertad de género, la protección de la niñez, el hambre, la pobreza o el desplazamiento. Para el año 2002, el número de ONGs en Colombia superaba las 1000 instituciones, representadas y agremiadas por la Confederación Colombiana de ONG (CCONG), las cuales se desempeñan en el sector de desarrollo social a través de proyectos, alianzas y demás acciones necesarias para llevar a cabo su objetivo[iii].
Entonces, si el desarrollo social cuenta con cifras tan bien alimentadas como las presentadas por la CCONG, la pertinencia de ingenieros industriales en el sector es apenas evidente. El conjunto de componentes que están detrás de toda la problemática social de nuestro país es bastante complejo, y por lo tanto se requiere organización para llegar a los puntos clave, a la raíz de cada una de las situaciones de vulnerabilidad social que aquejan a la población colombiana. Es claro que en un sector así se necesitan recursos, y aunque conseguirlos es una tarea ardua en nuestro medio, se trata de ir más allá y optimizarlos, pues la necesidad en esta área es una constante y el desperdicio no es una opción.
Siendo así, postulo a la ingeniería industrial como una profesión ideal para este sector, pues una ONG requiere de todos los procesos administrativos que requiere cualquier empresa; requiere de métodos de optimización, de salud ocupacional y seguridad industrial, gerencia en asuntos de finanzas, eficiencia en la gestión de recursos y sobre todo, de mucha iniciativa para luchar contra los paradigmas de egoísmo e incredulidad de la sociedad general. Por esta razón, pienso que existe un llamado constante a la conciencia, una voz que, como la de personajes como Camacho Caro o el doctor Rafael Termes[iv], intenta hacerse oír en medio de la opulencia del desarrollo mundial. Y es que no se trata de desafíos imposibles o ausencia de tareas por realizar, se trata de mirar a un lado y otro de la calle y ver allí, en cada esquina, la verdadera razón para desempeñar cabalmente el oficio de la ingeniería en una industria en donde los objetivos sean la justicia, la realización de sueños y la dignidad de seres humanos conviviendo en comunidad, olvidando que no siempre la solución a los enigmas de la humanidad está encerrada en los laboratorios o en los centros de alta tecnología. A veces es mucho más importante empezar por el principio, es decir, por el hombre.
“…para que el capitalismo dé todos los frutos que cabe esperar de él, aunque no debemos intentar corregir coactivamente su funcionamiento, sí debemos impulsar la mejora del sistema ético-cultural y del sistema jurídico-institucional en los que el sistema económico se encuadra, para adecuarlos a una antropología basada en la naturaleza y valor del hombre como ser racional y libre.” Rafael Termes.
FUENTES BIBLIOGRÁFICAS
- · Revista Cátedra Libre. Universidad Industrial de Santander. Bucaramanga. Editorial Octubre 2008. http://www.uis.edu.co/portal/catedra_libre/Octubre2008/index.html [Disponible en línea]
- · LA INGENIERÍA INDUSTRIAL Y EL SECTOR FINANCIERO. Artículo Rafael Termes para el Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales. Diciembre 2001. http://web.iese.edu/RTermes/acer/acer54.htm [Disponible en línea]
- · Extracto de ‘The Communication Initiative Network’ sobre: Confederación Colombiana de ONG- CCONG. http://www.comminit.com/en/node/33570 [Disponible en línea]
- · Consultoría para Derechos Humanos y el Desplazamiento – CODHES http://www.codhes.org/ [Disponible en línea]
- · Red de ONGs por la Transparencia en Colombia. http://www.ongporlatransparencia.org.co/suscritos.shtml [Disponible en línea]